Tupiniquim Monjolo

En mi último viaje, visité Brasil, específicamente São Paulo. Una ciudad grande en todo sentido, un lugar de contrastes donde la opulencia se encuentra con la pobreza en cada esquina y la cultura cervecera se adueña de muchísimos lugares. En ese sentido, en Chile miramos y admiramos a varios países anglo por su desarrollo cervecero, pero creo que quizás haya que mirar un poco más cerca y apreciar el trabajo logrado por los amigos brasileños hasta ahora: cervecerías de clase mundial de gran calidad y llenas de sabor, bares con más de 40 cervezas on tap, incontables etiquetas en botellas y excelente terminaciones e infraestructura. Algunas cervecerías son viejas conocidas para mí, y parte del objetivo del viaje fue precisamente reencontrarme con ellas, además de conocer otras nuevas, claro está. Tupiniquim es una regalona eterna desde que la conocí hace unos pocos años. Esta cervecería, con base en Porto Alegre, es ganadora de múltiples medallas gracias a sus cervezas, algunas con frutas, otras sours, y estilos clásicos. Destacan además por sus colaboraciones con EvilTwin, Omnipollo, entre otros. Obviamente me traje a Chile algunas de mis cervezas favoritas, y hoy comparto con ustedes Tupiniquim Monjolo Floresta Negra. De estilo base, hablamos de una Imperial Porter de 10% ABV y 65 IBUs, y en su elaboración se utilizan frambuesas y vainas de vainilla.

De presencia ya es intimidante, puesto que es totalmente negra y opaca, con una espuma muy tímida color chocolate y con algunos tintes ocres que no perdura, pues se pierde en el alcohol que el estilo otorga. De aspecto es viscosa, y se adhiere a la copa con facilidad al agitarla. Su aroma, con fuertes reminiscencias a chocolate, café espresso y maltas torrefactas, mezclado con los toques frutales de la frambuesa como a mermelada fresca, te atrae enseguida. Lúpulo bastante tímido en nariz, pero definitivamente ocupa un lugar importante ya más en boca. Acá, nuevamente encontramos café y chocolate, pero con notas tostadas un poco más altas que en el aroma, y que en conjunción con el dulzor de la vainilla y la acidez de la frambuesa, otorgan un balance rico y complejo, aunque siempre destacan los tonos más dulces por sobre los demás, sin ser empalagoso. El lúpulo está presente y no logra ser opacado gracias a su amargor en intensidad media, con notas herbales, frutales y algo de resina. El alcohol es otro actor en el paladar, pero se muestra amable y sin sensación de calentamiento alcohólico. Cuerpo pleno, carbonatación media baja, cremosísima, pero con una leve astringencia derivada de las maltas torrefactas. Esta cerveza es un must en el repertorio invernal para pasar el frío. Y la experiencia sería aún mejor con un cheesecake de frutos del bosque, un postre con el peso e intensidad necesarios para pararse dignamente frente a esta Imperial Porter, y disfrutar así de la explosión de sabores.

Natalia Urzúa M.
Beer Sommelier
BJCP (Certified

  • Aspecto: 4/5
  • Aroma: 8/10
  • Sabor: 10/10
  • Estilo: 9/10
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